Video | Macarrulla debe irse más tarde que temprano

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Altagracia Salazar

La permanencia de Lisandro MAcarrulla en el ministerio de la presidencia es un fardo muy pesado para el gobierno de Luis Abinader y el presidente que se ha empeñado por la transparencia administrativa no merece esos niveles de tensión en momentos en que su administración debe estar empeñada en superar un déficit y enfrentar la crisis mundial de los comodities.

Como padre, el ministro Macarrulla debe dedicarse a la defensa de su hijo y como amigo de Abinader, si es que lo es, debe facilitarle las cosas. Los padres no son responsables de las acciones de los hijos pero si deben amor y solidaridad y en este caso las lealtades y los amores son puestos a prueba.
Puede que la línea de acción asumida por Macarrulla y el gobierno sea demostrar que una cosa no afecta la otra y quizá sea así en términos administrativos, pero no en términos de opinión pública.
El juicio no ha comenzado y ya discurre en las redes sociales la apuesta de como van a bajar del carro al hijo del ministro.
Es evidente que no negoció y no sabemos si porque al ministerio público no le interesó o porque sus niveles de responsabilidad en el caso no lo permitían. El otro quizás es porque la negociación con otros como Rafael Canó fueron tan amplias que no dieron esa posibilidad.
Luis Abinader se montó en el carro de la reelección y su principal activo es la lucha contra la corrupción de su propia administración y la libertad que ha dado al ministerio público de investigar la anterior que en este caso se ha mezclado con la actual administración.
Pocos, muy pocos creerán que una empresa de su hijo se metió en un enredo de esta naturaleza sin que el padre lo supiera.
El mismo Macarrulla defendió durante más de un año la naturaleza del contrato de la empresa en ese proceso. Si usted le pregunta a Google le aparecerán 101 mil resultados en 33 segundos que indican que el ministro dijo que no hubo grado a grado en el caso de la Nueva Victoria y ahora sabemos que no solo fue grado a grado sino que fue una trama corrupta desde el principio.
La elegancia debe marcar la pauta en este caso. Al padre no le toca evaluar la conducta de su hijo sino la solidaridad y hasta la protección. Ente los pobres es más fácil. Ustedes recordaran a la señora de Los alcarrizos que decía bajo llanto mi hijo es ladrón pero es mi hijo. Esa madre reconocía el delito de su hijo y superponía su maternidad por encima del delito.
Quien va a una cárcel en los días de visita verá una cola interminables de mujeres, madres, hijas, hermanas, esposas y novias que tienen la solidaridad por encima de los compromisos sociales de la ley. Es la solidaridad de los pobres que entre los ricos no necesariamente existe.
Vamos a ver cuanto aguanta Macarrulla o cuanto aguanta Abinader.

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